Del boom del ladrillo al ladrillo ecológico

A pesar de que en los últimos años la palabra ladrillo ha adquirido cierto sentido peyorativo por asociarse al boom inmobiliario, hoy en ECOESMÁS, quiero sacar a la luz algunas bondades de esta pieza tan característica del mundo de la construcción.

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Si analizamos el ladrillo cerámico desde el punto de vista del hábitat saludable, el ladrillo se obtiene a partir de la arcilla sometida a un proceso de cocción, por lo que no contiene sustancias tóxicas ni sintéticas, y está entre los materiales de construcción más seguros en lo que se refiere al contenido de sustancias radioactivas. Además en caso de incendio no emite gases perjudiciales.

Con el tiempo la industria ha añadido sustancias potencialmente tóxicas a la arcilla original, para mejorar sus características, como en el caso de ladrillos aligerados que en muchos casos se fabrican añadiendo fibras de poliéster que se queman en el horno, haciendo el ladrillo más ligero, pero se trata de una práctica contaminante y sobre todo perjudicial para los operarios de la fábrica. Por suerte la tendencia ha cambiado y en general se ha sustituido el poliéster por serrín o polvo de carbón para aligerar piezas.

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Imagen: sergis blog

A su vez, otra de sus características fundamentales es su transpirabilidad. Una casa construida en ladrillo, transpira de forma natural, facilitando así el equilibrio en el porcentaje de humedad del aire interior. Pero para mantener esa transpirabilidad hay que evitar el uso de pinturas y revestimientos impermeabilizantes no transpirables (tan habituales), recurriendo, por ejemplo, a enlucidos de cal, que son impermeables pero transpirables.

A todo ello hay que añadir su gran durabilidad y un comportamiento ejemplar de las estructuras de ladrillo ante los terremotos. Solo hay que ver como gran parte del patrimonio arquitectónico cuenta con el ladrillo entre sus materiales de construcción, no sólo por sus características resistentes sino por sus cualidades estéticas. El ladrillo visto suele embellecer con los años, a diferencia de otros materiales de construcción convencionales.

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En cambio si analizamos el ladrillo desde el punto de vista de su sostenibilidad la situación no es tan favorable, ya que quedan dos aspectos a solucionar para poder darle al ladrillo el adjetivo de “ecológico”:

  • En su cocción se consume una gran cantidad de energía que a su vez supone la emisión de grandes cantidades de CO2, ya que, teniendo en cuenta que es un producto fabricado en todo el mundo (incluídos países menos desarrollados), en su mayor parte se fabrica usando como combustible el carbón.
  • La arcilla, es una materia prima finita, y para su obtención se recurre a la apertura de canteras que en muchos casos no tienen en cuenta su impacto medioambiental.

Por lo que lógicamente el siguiente paso sería conseguir la fabricación de ladrillos evitando la cocción, y exigir la gestión responsable de las canteras y la puesta en marcha de procesos de reciclaje del ladrillo usado.

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Y por supuesto, ya han surgido iniciativas para fabricar ladrillos ecológicos que no requieren esa cocción a grandes temperaturas, como es el caso de los que se generan por la precipitación de calcita inducida por microbios, o los fabricados a partir de materiales procedentes de derribos.

Así que tenemos entre manos un producto “saludable” pero aún insostenible, que algunas investigaciones están encaminando hacia la sostenibilidad. Habrá que esperar un poco para conseguir un ladrillo cerámico realmente ecológico.

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